Es un estilo de vida, el fármaco más eficiente.
No es para tanto, te dicen tus amigos una y otra vez, también tus familiares insisten en que aprender lo establecido es más adecuado. Quizás cualquier otro futuro es más conveniente, pero no puedes evitar huir ante tales vanas y absurdas palabras.
Que sabrán ellos de lo que el baloncesto representa.
Que sabrán ellos sobre la vitalidad experimentada minutos antes de cada salida a la cancha.
Que sabrán ellos de la satisfacción al apreciar que alguien disfruta con tan solo ver nuestro juego. No es imprescindible todo esto, sino únicamente saber que una persona sueña con eso, con lo que nosotros fantaseamos, eso hace que la felicidad nos invada.
Ellos no saben nada del sufrimiento que padecemos al ojear a nuestros compañeros, sin poder formar parte de ese juego.
Que sabrán ellos de las relaciones creadas. Nadie imagina que donde contemplan a un grupo de jugadoras, nosotras vemos a parte de nuestra familia. Y si tiene lugar cualquier disputa, ya conocemos de antemano la manera de solucionarlo.
Y seguro que nadie sabe que cuando deje este mundo dejaré atrás parte de mi vida, esa parte que me ha enseñado a luchar.
Aunque puedo demostrar cada sensación experimentada, yo tampoco sé que va a ser de mí cuando deba seguir adelante sin esto, sin sentir nervios y contemplando este mundo desde fuera, como una insensible extraña.
