Aprendí a saber hablar igual que a saber callarme. Ahora y siempre, que siempre será ahora.
12 de octubre de 2011
Cuando nos despedimos para siempre, yo: Hasta luego
Qué tristeza tan tonta esta noche, qué manera de derrochar sentimientos desbordados, qué estúpido desguace de sensibilidad. Esas ganas de llorar mudas, ese calvario de sentir humedad en las pupilas, esa desolación por saber que estos ojos ciegos ya no podrán mirar para atrás. Hubo un tiempo que no logramos conservar, un tiempo en el que hubiéramos parado todo; un tiempo en el que nos hubiéramos quedado atrapados, y en el que no se necesitaba un adiós, sino un hasta luego. Todas las puertas quedaban visiblemente abiertas, porque todo era tan intenso que siempre podíamos volver hacia atrás, para arañar las viejas heridas.